jueves, 7 de mayo de 2026

el cuerpo y sus señales

Este último tiempo, a partir de algunas experiencias, volví a confirmar algo simple y profundo: cuando prestamos atención y cultivamos la auto-observación, el cuerpo nos brinda constantemente señales.
A veces aparecen como malestar o incomodidad.
Otras, como una sensación de bienestar que nos susurra: “es por ahí”.

Hace unos días, conversando con una amiga, dijo una frase que quedó resonando en mí: “si te da paz, es por ahí”. Y algo en eso es muy cierto.

Cuando logramos registrar lo que sentimos y pensamos, nuestras decisiones y acciones pueden empezar a alinearse. Y en esa coherencia aparece una forma más genuina de bienestar. Y no se trata de romantizar lo que vivimos, sino de aceptar lo que llega
Sin negarlo. Sin resistirnos. Intentando procesarlo de la mejor manera posible.

Según Daniel Goleman, el cuerpo es el escenario donde ocurren las emociones. La inteligencia emocional implica, justamente, poder reconocer y gestionar esos estados para actuar con mayor claridad.

Las emociones no son solo pensamientos: también son sensaciones y respuestas biológicas. Por eso, la autoconciencia se vuelve clave para comprender cómo la mente influye en el cuerpo… y viceversa.

Desde la neurociencia también se sabe que el cuerpo envía señales antes de que la mente logre interpretarlas. Algunas son evidentes: tensiones musculares, dolores de cabeza o de estómago, contracturas, fiebre o enfermedad.
Otras son más sutiles: esa sensación difícil de explicar de que algo no está bien.

El cuerpo, en su naturaleza, tiende al equilibrio. Pero cuando se producen desajustes a nivel físico, mental o emocional, pueden aparecer síntomas. Hoy existen numerosos estudios que confirman esta relación entre cuerpo, mente y emociones no procesadas.

Desde distintas miradas - como la medicina china, el ayurveda o prácticas energéticas - también se comprende al cuerpo como un sistema donde la energía circula, acompañando procesos físicos y emocionales.

¿A qué apunta todo esto?
A que, cuando dejamos de registrar el cuerpo o ignoramos sus señales, es posible que, tarde o temprano, algo necesite manifestarse con más fuerza.

Y entonces aparece la pregunta: ¿qué podemos hacer? 
Aunque suene simple - o incluso repetido -, en mi experiencia hay algo que no falla: escuchar. A veces, una enfermedad nos obliga a detenernos y mirar aquello que veníamos evitando. Otras veces, una tensión más pequeña - como apretar la mandíbula - puede hablarnos de algo que no estamos expresando.

El cuerpo siempre encuentra la forma de hablar. Por eso, quizás no se trate de hacer algo extraordinario, sino de no dejar de escucharnos
Incluso en medio de la rutina, las exigencias y el apuro. 
No es fácil. Requiere presencia, pero cuando empezamos a hacerlo, todo se vuelve un poco más claro… y más habitable.

En definitiva, el cuerpo habla a través de sensaciones: tensión, miedo, hambre, placer, vitalidad o dolor... distintas formas de comunicarse.

Cada síntoma.
Cada incomodidad.
Cada señal… puede ser una invitación a mirar más profundo.


el cuerpo y sus señales

Este último tiempo, a partir de algunas experiencias, volví a confirmar algo simple y profundo: cuando prestamos atención y cultivamos la au...