Según Simone Weil, filósofa mística y activista francesa, la atención consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible, vacío y penetrable al objeto.
No se trata de forzar la solución, sino más bien de crear un espacio interior donde pueda aparecer lo que buscamos. En este sentido, atender podría ser también una manera de esperar.
En tiempos de notificaciones constantes, mensajes que reclaman respuestas inmediatas y un flujo incesante de información, la atención se ha convertido en un recurso escaso. No solo es difícil concentrarse; también lo es sostener la concentración el tiempo suficiente para profundizar en una idea, frente a una situación, un problema planteado o incluso ante un simple texto.
Hoy, la falta de atención y concentración - sumada a la automatización en la que estamos inmersos día a día - potencia ese modo de vivir acelerados y desconectados. Desconectados no solo de aquello que estamos haciendo en un momento dado - el trabajo, las actividades, la familia o las relaciones - sino también de nosotros mismos.
En el fondo, lo que está en juego es nuestra presencia. Y en eso creo que reside cultivar la atención: en aprender a mirar y a escuchar de modo tal que dejemos un espacio para que algo verdadero pueda aparecer, en cualquier ámbito de la vida.
Como suele decirse en otros ámbitos: "donde va la atención, va la energía". Quizás por eso, cuando no ponemos foco en una cosa por vez, nuestra energía se dispersa. Nos sentimos desconectados, nos cuesta concentrarnos, no logramos muchas veces lo que buscamos y llegamos al final del día agotados, sin energías.
Si estamos atentos, estamos presentes.
Algo que inevitablemente me lleva a reflexionar sobre la respiración. Sí… vuelvo a ella, porque siempre es - y será - el acto fisiológico que puede ayudarnos a regresar al presente. Con el simple gesto de tomar registro del aire que ingresa y sale por nuestras narinas, es posible tomar conciencia de este instante - aquí y ahora -, una frase tal vez muy escuchada, pero profundamente cierta cuando se la practica con respeto y coherencia.
Respirar con atención nos permite actuar en concordancia con el momento presente, responder a una situación en tiempo y forma, ubicarnos en contexto y sostenernos con mayor claridad.
Tal vez hoy podamos regalarnos unos minutos de atención sincera.
No para hacer más, sino para estar más presentes.
Para cerrar e invitarnos a reflexionar, dejo aquí una frase del conocido filósofo hindú Jiddu Krishnamurti: "cuando hay atención la mente se aquieta".
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