Hace un tiempo vengo leyendo y escuchando acerca del concepto de interocepción y del papel fundamental que cumple en nuestro cuerpo. Y, como suele ocurrir con esas sincronías que a veces trae la vida, mientras estoy transitando una formación sobre Neurociencia, cuerpo y bienestar, vuelvo a encontrarme con este término. Esta vez, para comprenderlo con mayor profundidad y descubrir cuánto dialoga con todo aquello que vengo escribiendo desde hace tiempo.
Al mirar hacia atrás, descubro que muchos de los temas que fui escribiendo - volver al centro, la respiración consciente, el nervio vago, la atención, el cuerpo y sus señales - terminan encontrándose naturalmente en este concepto. Como si todos hablaran, en el fondo, de una misma capacidad: aprender a leer, observar y sentir aquello que el cuerpo intenta comunicarnos a cada momento.
Sin entrar en definiciones un tanto científicas, podemos decir que la interocepción es la capacidad que tenemos de percibir las sensaciones internas de nuestro cuerpo, como el pulso, la respiración, la excitación y la relajación... en otras palabras, el registro, hasta a veces sutil, de aquello que nos quiere decir nuestro cuerpo.
Aquí cabe resaltar que nuestra postura corporal también tiene un papel importante como parte del hilo conductor que envía la información hacia el cerebro, quien lee constantemente la postura y los gestos para interpretar cómo nos sentimos y preparar al cuerpo para la acción. Por ejemplo, una postura encogida o de sumisión se asocia con un menor registro de vitalidad, mientras que adoptar posturas abiertas o erguidas puede aumentar la confianza, reducir la ansiedad y mejorar nuestra capacidad para registrar las señales corporales internas.
Es decir que cuando logramos desarrollar esta capacidad interoceptiva, cambia la manera en que habitamos el mundo. Podemos conocermos mejor, tomar decisiones con mayor claridad, percibir con más precisión el tiempo, el dolor, la temperatura y hasta el modo en que nuestro estado interno influye en la forma de movernos, de escuchar música o de relacionarnos con los demás.
En este sentido y yendo a lo práctico, podemos preguntarnos ¿qué implicaría entonces tener una buena conciencia interoceptiva?
Desde mi experiencia, tener una buena conciencia interoceptiva significa aprender a reconocer con claridad esas señales que llegan desde el cuerpo. Sentirlas, darles espacio y permitir que esa información pueda orientarnos en la manera de actuar, decidir o responder frente a lo que vivimos.
Por otra parte, lo relacionado a lo interoceptivo suele llamarse "sexto sentido" porque las señales interoceptivas tienen que ver con esos sentimientos que tenemos a veces de "seguir nuestra intuición", esa certeza corporal que muchas veces aparece antes que cualquier explicación racional.
Y si bien, suena fácil decirlo... porque hasta mí a veces me cuesta seguir teniendo todo el tiempo ese registro corporal o conciencia, creo que como todo hábito cuando logro mantenerlo en el tiempo, es notable cómo distintos aspectos de la vida comienzan a ordenarse y puedo seguir andando, caminando la vida... de un modo más coherente y sentipensante.
Para cerrar, comparto una frase de Eduardo Galeano que, de algún modo, resume esta idea: "somos lo que hacemos para cambiar lo que somos." porque, definitivamente, somos seres en constante transformación.
Nuestra esencia no está determinada de una vez y para siempre; también se construye en las decisiones, en los pequeños hábitos y en las acciones cotidianas con las que elegimos habitar nuestra vida.