Hoy se habla mucho de “regularnos” y de otras palabras que parecen haberse puesto muy de moda. De hecho, hace un tiempo escribí sobre la regulación emocional y cómo acompañarnos para evitar entrar en grandes crisis o en estados que, aunque en un primer momento suelen incomodar, muchas veces terminan acomodando algo dentro nuestro.
Si bien entiendo la importancia de todo esto, a veces siento que este concepto existe desde hace muchísimo tiempo, solo que con otros nombres y otras formas más simples de habitarlo.
Desde un punto de vista biológico, se sabe que la regulación del sistema nervioso es el proceso mediante el cual el cuerpo y el cerebro equilibran sus respuestas ante el estrés y la calma. Implica la coordinación entre el sistema simpático - asociado al estado de alerta - y el parasimpático - relacionado con el descanso y la recuperación - permitiendo sostener un estado de mayor bienestar físico y emocional.
Pienso que, si viviéramos más conectados con nuestro cuerpo y más conscientes de las emociones que nos atraviesan día a día, quizás no necesitaríamos buscar constantemente maneras de autorregularnos.
Tal vez se trate muchas veces de volver simplemente a lo básico.
Ser conscientes de nuestra respiración, por ejemplo, ya es una forma profunda de acompañar al cuerpo. Respirar con presencia permite oxigenar nuestras células, aquietar un poco la mente y ayudar a que todo fluya de manera más armónica.
Y en ese sentido, regular el sistema nervioso no solo es posible a través de técnicas específicas. También puede suceder mediante pequeños gestos cotidianos que muchas veces olvidamos:
- saber decir que no.
- comer tranquilos.
- sentir el sol en la cara.
- salir a caminar.
- hidratarnos.
- tocar el pasto o caminar descalzos.
- estar en silencio.
- tomarnos descansos.
- saber pedir ayuda.
- abrazar a alguien.
Hace un tiempo escribí sobre el darse cuenta, sobre el cuerpo y sobre cómo reaprender a observar sus señales. Y pensaba que, en el fondo, todas esas son formas de estar conectados. Formas de volver a registrar cómo nos sentimos, qué necesitamos y qué nos está pasando realmente.
Porque quizás regularnos no sea controlar todo lo que sentimos.
Quizás sea, más bien, aprender a escucharnos antes de llegar al límite. Antes de que aparezcan síntomas físicos, estados emocionales difíciles de sostener o situaciones que nos obliguen a detenernos.
Y relacionando todo esto, viene a mi mente una frase de Daniel Goleman que, de algún modo, resume esta idea:
“La habilidad de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso se ha vuelto un aprendizaje crucial para la vida diaria."