lunes, 1 de junio de 2026

regularnos en estos tiempos

Hoy se habla mucho de “regularnos” y de otras palabras que parecen haberse puesto muy de moda. De hecho, hace un tiempo escribí sobre la regulación emocional y cómo acompañarnos para evitar entrar en grandes crisis o en estados que, aunque en un primer momento suelen incomodar, muchas veces terminan acomodando algo dentro nuestro.

Si bien entiendo la importancia de todo esto, a veces siento que este concepto existe desde hace muchísimo tiempo, solo que con otros nombres y otras formas más simples de habitarlo.

Desde un punto de vista biológico, se sabe que la regulación del sistema nervioso es el proceso mediante el cual el cuerpo y el cerebro equilibran sus respuestas ante el estrés y la calma. Implica la coordinación entre el sistema simpático - asociado al estado de alerta - y el parasimpático - relacionado con el descanso y la recuperación - permitiendo sostener un estado de mayor bienestar físico y emocional.

Pienso que, si viviéramos más conectados con nuestro cuerpo y más conscientes de las emociones que nos atraviesan día a día, quizás no necesitaríamos buscar constantemente maneras de autorregularnos.

Tal vez se trate muchas veces de volver simplemente a lo básico.

Ser conscientes de nuestra respiración, por ejemplo, ya es una forma profunda de acompañar al cuerpo. Respirar con presencia permite oxigenar nuestras células, aquietar un poco la mente y ayudar a que todo fluya de manera más armónica.

Y en ese sentido, regular el sistema nervioso no solo es posible a través de técnicas específicas. También puede suceder mediante pequeños gestos cotidianos que muchas veces olvidamos:

  • saber decir que no.
  • comer tranquilos.
  • sentir el sol en la cara.
  • salir a caminar.
  • hidratarnos.
  • tocar el pasto o caminar descalzos.
  • estar en silencio.
  • tomarnos descansos.
  • saber pedir ayuda.
  • abrazar a alguien.

Hace un tiempo escribí sobre el darse cuenta, sobre el cuerpo y sobre cómo reaprender a observar sus señales. Y pensaba que, en el fondo, todas esas son formas de estar conectados. Formas de volver a registrar cómo nos sentimos, qué necesitamos y qué nos está pasando realmente.

Porque quizás regularnos no sea controlar todo lo que sentimos.

Quizás sea, más bien, aprender a escucharnos antes de llegar al límite. Antes de que aparezcan síntomas físicos, estados emocionales difíciles de sostener o situaciones que nos obliguen a detenernos.

Y relacionando todo esto, viene a mi mente una frase de Daniel Goleman que, de algún modo, resume esta idea:

“La habilidad de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso  se ha vuelto un aprendizaje crucial para la vida diaria."

 

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