Hace un tiempo vengo escuchando y leyendo sobre la idea de volver a habitarnos.
Y si bien, a veces, estos términos se vuelven palabras de moda, siento que cuando ahondamos un poco más profundo, aparece algo esencial.
Habitar proviene del latín habitare, que significa morar o vivir. En ese sentido, volver a habitarnos tiene que ver con recordar que nuestro cuerpo es la morada en la que todo sucede: donde las experiencias se registran, donde las emociones dejan huella, donde la vida queda guardada en forma de memoria.
Habitar nuestro cuerpo desde un lugar consciente implica empezar a escucharlo.
Observar sus señales más evidentes y también aquellas que son sutiles, casi imperceptibles. Porque cuando aprendemos a hacerlo, ese camino suele conducirnos hacia una mayor coherencia interna.
Como leí alguna vez, el cuerpo siempre sabe lo que acontece, incluso antes de que la mente pueda ponerle nombre a lo que sentimos.
Antes de que entendamos una emoción, el cuerpo ya la expresó: en una tensión, en un nudo, en una respiración que se acelera o se vuelve superficial.
Habitarlo de manera consciente es intentar mirarlo desde un lugar somático, más conectado, más intuitivo. Es reconocer que constantemente nos está dando señales y que, si nos detenemos a escucharlas, pueden orientarnos a la hora de decidir qué hacer… o qué dejar de hacer.
Un ejemplo simple y cotidiano es la respiración.
Observar cómo estamos respirando ya nos habla de cómo está nuestro cuerpo. El ritmo, la profundidad, la pausa - o la ausencia de ella - dicen mucho más de lo que creemos. La respiración no miente: refleja nuestro estado interno tal como es, sin filtros.
Tal vez, volver a habitarnos no sea aprender algo nuevo, sino recordar.
Recordar que estamos aquí, en este cuerpo, momento a momento. Y que cada vez que volvemos a él - aunque sea por un instante - algo se ordena, algo se calma, algo encuentra su lugar.
Volver a habitarnos no exige grandes gestos.
A veces alcanza con una pausa, con llevar la atención al cuerpo, con observar cómo respiramos en este instante.
Tal vez hoy la invitación sea esa:
detenerte un momento, sentir tu respiración y recordar que ya estás en casa.